MERIDIANO
Nunca antes, desde la llegada al poder del matrimonio de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, los distintos partidos que conviven en ese ámbito habían logrado ponerse de acuerdo, siquiera en las nimiedades, para hacerse oír.
Unos lo vieron como un triunfo frente al oficialismo que, evidentemente, todavía no logró digerir el trago amargo que le dejaron las elecciones del 28 de junio, aunque pocos se animan a apostar por la consolidación de ese incipiente espacio.
El hecho de que el arco opositor se haya abroquelado sirvió, sin duda, para desbaratar los propósitos del oficialismo que recién notó, en los momentos previos a la sesión, que sus fuerzas se habían debilitado en las urnas como para intentar imponer sus propósitos.
Sin embargo, lejos de amilanarse frente al cambio de escenario, la primera minoría sacó fuerzas de sus flaquezas y logró ubicar un hombre propio en la presidencia de la Cámara baja, el jujeño Eduardo Fellner, pero tuvo que ceder la estratégica vicepresidencia primera a la radical mendocina Patricia Fadel.
También las negociaciones por las comisiones legislativas le dieron un mayor protagonismo a las aspiraciones de quienes pujan, ahora con nuevas herramientas democráticas, por acorralar el poder del kirchnerismo, al alzarse con la mayoría de estos órganos parlamentarios.
En cambio quedaron truncas las tratativas por la no menos importante vicepresidencia segunda, donde al parecer el flamante diputado Kirchner se cruzó para poner un freno a la avanzada opositora, echando por tierra sus pretensiones. Consecuencia: el cargo seguirá vacante hasta después del 10.
Lógicamente nada, o muy poco, trascendió con respecto a los entretelones que rodearon a las discusiones preparatorias. Sólo se pudo ver, a través de la televisión, que a la hora indicada para el comienzo de la sesión, solamente los opositores se habían instalado en sus poltronas.
Sorpresivamente, al rato ocurrió lo que ni ellos mismos pensaban: habían logrado reunir el quórum necesario para abrir las deliberaciones. Ni lento ni perezoso, el oficialismo demostró que no estaba dispuesto a ceder la iniciativa y también bajó al recinto.
Hasta aquí, el anecdotario. Después el jefe del bloque kirchnerista, Agustín Rossi, sin perder tiempo salió a relativizar los logros de la vereda de enfrente, señalando que sólo había conseguido construir “una mayoría circunstancial”.
Un par de días después, el radical Ricardo Alfonsín, llamativamente coincidió con el vocero del oficialismo al señalar que “ningún partido está en condiciones de imponer por mayoría un proyecto de ley” en Diputados y que la mayoría obtenida fue “en esta sesión puntual”.
Quedó en claro, entonces, que mientras algunos medios capitalinos quisieron reflejar lo sucedido como una bandera de triunfo, en medio de la guerra sin cuartel que sobrellevan con el Gobierno Nacional, lejos está el oficialismo de ceder posiciones.
Serán dos años complicados, de aquí a 2011, en cuanto al desenvolvimiento institucional, con sobreactuaciones, debates calientes y más, como prólogo de una convocatoria a la ciudadanía que encontrará a las principales fuerzas políticas en un proceso de reacomodamiento, urgido por los desafíos de este nuevo tiempo global. Y de esto sí que se sabe desde el poder.
Cambios hacia adentro
En el ámbito provincial, como nunca antes los cambios introducidos por el gobernador Maurice Closs en su gabinete tuvieron mayor repercusión hacia adentro del oficialista Frente Renovador que hacia fuera, en la gente, en la ciudadanía.
Tal vez por esperadas, las designaciones que se divulgaron en dos etapas, se sabe, fueron fruto de arduas negociaciones entre los máximos referentes de esta fuerza política: Closs y el presidente de la Cámara de Representantes, Carlos Rovira. Nadie más.
Pero si hubo injerencias, con seguridad que éstas no pasaron de las simples consultas, las opiniones y pareceres de quienes acostumbran a sentarse al lado de uno y otro, pero ninguno tuvo influencia decisiva en los nombramientos.
Ahí tal vez se pueda encontrar explicaciones al hermetismo con que Closs y Rovira llevaron adelante las discusiones. No hubo trascendidos ni versiones previas, hasta que el primero dijo en Apóstoles que Luis Jacobo iba al Ministerio de Educación, ahora extendido en el nombre a Ciencia y Tecnología.
En la misma ocasión, también ubicó a Néstor Ortega en la cartera del Agro y la Producción, además de otras nominaciones de segunda y tercera línea, que fueron complementadas al día siguiente por el nuevo subsecretario de Prensa y Difusión, Jorge Varela.
Llamó la atención, sí, que el conductor de la administración provincial hubiera cedido el protagonismo en el anuncio de la creación del futuro Ministerio de Turismo, una de las actividades económicas que constituye un puntal de su gestión.
Los demás nombres que cubrirán cargos fueron producto de aquéllas negociaciones, en las que evidentemente se privilegiaron los objetivos que alienta el mandatario, antes que los apasionamientos y las amistades que suelen entorpecer la búsqueda de figuras capaces de interpretar el proyecto que se pretende plasmar cuando se piensa en propósitos superiores.
Pero no fue eso lo único que dejó el recambio, como tampoco los enroques, que se puso en práctica, ya que se pudo saber que tanto Closs como Rovira llegaron a la mesa con cartas que irán descubriendo de aquí a 2011, según sea la circunstancia política que les toque afrontar.
Por ahora las mediciones del pulso ciudadano le otorgan guarismos positivos al Gobernador como para acometer la búsqueda de su reelección, y así lo entendió hasta su socio principal en la alianza que vio la luz en 2003.
Es obvio entonces que para afrontar los dos años de gobierno que restan, Closs haya optado por figuras afines a sus raíces partidarias, entre éstas un importante número de legisladores que terminan su mandato el jueves próximo, aunque sin el ánimo de “hacer más radical” la propuesta, como se dijo.
Y todo indica que es así, ya que casi no hubo objeciones o al menos éstas no trascendieron, con respecto a los nombramientos por parte de quienes se embanderan con otros idearios y que conviven en la Renovación. Por caso, los peronistas y los independientes, menos todavía de Rovira.
De tal manera, y aunque puede parecer largo el trecho que separa a este tiempo de las próximas elecciones, se puede afirmar que el oficialismo comenzó a preparar el terreno hacia la contienda próxima con Closs en procura de un nuevo período de gobierno y Rovira, por otro lapso en la Legislatura.
Es esa la primera lectura, al menos, que surge de los dichos ciertos operadores en las conversaciones últimas. Pero como en política no siempre dos más dos resulta cuatro, habrá que esperar el desarrollo de los acontecimientos para certificar el complejo cuadro.
Justicialismo desorientado
Como contracara del andar casi sin sobresaltos del oficialismo, la oposición política en Misiones todavía está tratando de encauzar sus acciones para medir sus posibilidades en el futuro inmediato y mediato.
En ese plan, aparece un debilitado justicialismo que intenta convertirse en el espacio convocante de un bloque legislativo denominado “Unidad y Reconstrucción Justicialista”, como una reedición de aquél “Interbloque” de escaso aporte a la vida institucional de los misioneros y que funcionó hasta 2005.
La construcción de la última alternativa fue aprobada ayer por el congreso partidario que preside el gremialista camionero y diputado provincial electo, Adolfo Velázquez, ocasión en que también se estableció el castigo para los electos que no se encolumnen.
No quedó en claro cuáles serán las sanciones previstas para los posibles díscolos, pero al menos se constituyó un tribunal de disciplina que se encargará de poner cierto orden entre las filas justicialistas, hoy raquíticas por el constante éxodo de dirigentes y militantes.
En cambio sí se especificó que para la conformación de un bloque que aglutine a los opositores, se entablarán conversaciones con todas fuerzas políticas que tengan representación legislativa, menos con el oficialista Frente Renovador. Y esto se reiteró entre los seis puntos de las conclusiones del congreso.
Tamaña mezquindad, fue el correlato de las fracasadas conversaciones que el senador y presidente del Partido Justicialista, Luis Alberto Viana, intentó imponer sin éxito en la cumbre organizada en la localidad de Guaraní, hace un mes, y en sucesivas reuniones posteriores.
Y como no fue posible juntar las cabezas del peronismo provincial cada vez más disperso, Viana no dudó en embarcar a los órganos partidarios en sus propias contradicciones, sobre todo al disponer que una de las primeras instrucciones es la de impulsar la derogación de la Ley de Lemas.
Pidió terminar “con este sistema corrupto y anacrónico que viola la voluntad popular”, aunque se tratara de un instrumento al que apeló reiteradas veces el justicialismo para sacar ventajas en diferentes épocas electorales. ¿Se habrá olvidado, al igual que el engendro del 9 por 6 para elegir los diputados?
El presidente del PJ-Misiones también aprovechó la tribuna de la avenida López y Planes para lanzar un desafío “a los que tengan el valor y la responsabilidad” de presentarse a elecciones internas para elegir los candidatos de esta fuerza política para 2011.
Pero hasta donde se sabe, él mismo llegó a ese cargo partidario negociando a nivel nacional el cese de la intervención partidaria, a cambio de su voto en el Senado de la Nación por un tema puntual que interesaba al Gobierno y que no estaba dispuesto a otro fracaso luego de la caída de la famosa “resolución 125” para el campo. Viana tampoco se sometió a elecciones internas.
Cierto es que lejos de recomponer sus fuerzas de cara a los próximos desafíos, el justicialismo telúrico se quiere mostrar dispuesto a dar pelea pero en un ámbito reducido, por temas que interesan más a sus conductores de hoy que a la gente. Y la experiencia indica que la ciudadanía busca intérpretes de sus necesidades para que las solucionen, no más desorientación.
Hasta las manos
Nada más acertado que el dicho popular: “hasta las manos”, para reflejar la situación en que se encuentran los jueces Horacio Gallardo y José Luís Rey, a pesar del esfuerzo de la corporación judicial, y parte de los políticos, por preservarlos de la causa de las escuchas telefónicas ilegales.
Uno fue el que autorizó las intervenciones telefónicas y el otro, al subrogarlo, se encargó de extender la medida hasta que se desató el escándalo que ahora intenta desentrañar el juez federal Norberto Oyarbide.
Una de las últimas medidas del magistrado porteño apuntaría a incluir la figura de “asociación ilícita” a los involucrados en los hechos, por los cuales están detenidos el espía Ciro James y el ex policía federal Jorge “Fino” Palacios.
Por la misma causa están procesados tres comisarios de la Policía de Misiones que se encargaron de acercar a los magistrados los números telefónicos a intervenir, con la colaboración de James, quien les proporcionó el listado.
Gallardo y Rey firmaron las autorizaciones, pero hasta ahora se negaron a declarar ante Oyarbide al plantear cuestiones de competencia. Sí lo hicieron los policías y fueron procesados; la semana que viene deberán volver a Tribunales las secretarias de los dos magistrados.
A todo esto, el Jurado de Enjuiciamiento se aferró a dudosos argumentos de competencia y a un requisito insalvable para rechazar la destitución de los magistrados misioneros, como lo había requerido el juez porteño a fin de determinar la responsabilidad de ambos en los hechos que investiga.
Al margen de ese embrollo judicial, Oyarbide está convencido de que tanto Gallardo como Rey, los policías misioneros y las secretarias de los juzgados de aquéllos, son parte de la compleja trama que encabezaban Ciro James y el “Fino” Palacios.
Y como en todo ese tipo de operaciones, las intervenciones telefónicas se entiende, tienen un objetivo, procura determinar cuál fue el grado de participación de cada uno y, sobre todo, si fue a sabiendas de que se cometía un delito, algo que no podían desconocer los involucrados. De ahí la “asociación ilícita”.
Por eso no sorprendió que el Superior Tribunal de Justicia encarara una investigación administrativa al respecto, aunque sí el hecho de que reclamara informes a Oyarbide para determinar si hay otros magistrados y funcionarios que pudieran haber actuado de la misma manera.
Seguramente la semana que se inicia echará claridad a la situación más que complicada de los actores misioneros en la causa.



