MERIDIANO
Desde distintos ángulos, las espadas del Gobierno Nacional renovaron los cuestionamientos al mandamás en la ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri, mientras que otros se aferraron al llamado “Caso Pomar” para castigar al bonaerense Daniel Scioli.
Al medio se colgaron los referentes del campo, quienes tuvieron en Hugo Luis Biolcati, representante de la Sociedad Rural Argentina (SRA) su peor exponente en este tiempo democrático, aunque siempre fiel a sus históricas raíces autoritarias.
Macri intentó sacudirse de los colaboradores que lo empantanaron en el tema de las escuchas telefónicas ilegales y, con ese fin, despidió a Mariano Narodowski por haber conchabado al espía Ciro James, hoy detenido por el juez Norberto Oyarbide.
La jugada del gobernante porteño, sin embargo, resultó a todas luces más que desafortunada, ya que eligió al diplomático Abelardo Parentini (alias Abel Posse) para ubicarlo al frente del área educativa, tal vez sin pesar que éste se constituiría en su salvavidas de plomo.
Aún antes de asumir, Posse dijo que en el Gobierno “entró, se filtró, o lograron infectar con un virus ideológico la garantía elemental de seguridad. Impusieron la visión trotskoleninista de demoler las instituciones militares y la policía, como vengándose de los años setenta”.
Es más, atribuyó a esa convulsionada década el hecho de que “una minoría se alzó contra el Estado para imponer una revolución socialguevarista, ajena y aislada ante la inmensa mayoría, empezando por el mismo Perón, los sindicatos y los partidos tradicionales”.
Las críticas arreciaron contra el ex colaborador de los gobiernos militares que irrumpieron en 1976 y hasta fue embajador en Perú, durante el menemismo, pero aún así Macri lo cobijó en su administración, azuzando un cuadro que amenaza con arrastrarlos en el caliente verano que se avecina.
También en la semana que pasó, el hallazgo de los cadáveres de los integrantes de la familia Pomar, después de 24 días de desaparición, sacudió a Scioli y a su gobierno por la deficiente investigación del caso que realizó la policía a su cargo.
Al final se supo que un accidente de tránsito fue el detonante de la desgracia, en un sitio cercano a la ciudad de Pergamino que supuestamente había sido inspeccionado por los pesquisas. Resultado: una parte de la cúpula policial fue relevada, pero las repercusiones aún están lejos de acallarse.
Quien creyó hallar una veta discursiva en esa tragedia, fue el ruralista Biolcati y pidió públicamente el descabezamiento del gobierno bonaerense, no sólo de la cúpula policial, dijo, para granjearse la simpatía de los que se ven obligados a convivir con la inseguridad creciente.
Esas desafortunadas expresiones, como en el caso de Posse, fueron duramente cuestionadas por el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, hoy convertido en exegeta de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, por el cauteloso repliegue de su consorte, el ex mandatario Néstor Kirchner.
Es bien sabido que en ese nivel nadie habla por hablar, ni piensa por sólo pensar, sino que las expresiones de unos y otros, aún las ocultas, conllevan mensajes claros hacia una puja que seguramente alcanzará un punto culminante en las próximas elecciones.
Cualquiera dirá que todavía hay un buen trecho por recorrer hasta la convocatoria ciudadana, pero es evidente que ninguno dará ni pedirá clemencia de ahora en adelante, entre el oficialismo y la oposición, a la hora de exacerbar los desaciertos.
Agitación legislativa
Más acá, en Misiones, el recambio legislativo trajo aparejado una sucesión de sorpresas que agitaron el ambiente político, no sólo por los protagonistas de tales circunstancias, sino por las consecuencias que dejaron traslucir sus actitudes.
La sesión especial de la Cámara de Representantes para la incorporación de los electos el pasado 28 de junio, se vislumbraba como un simple trámite, ya superados los efectos históricos que representa, puntal genuino del sistema democrático.
El oficialista Frente Renovador no desaprovechó la vidriera constitucional para mostrar a sus máximos referentes, el gobernador Maurice Closs y el presidente del cuerpo, Carlos Rovira, en el estrado, como gesto de la unidad que se enseñorea en esta fuerza política.
Pero un opositor, con más de 40 años en la vida política de la provincia, apareció dispuesto a romper toda solemnidad: fue el ex concejal, ex diputado provincial, ex vicegobernador, ex juez Julio Alberto Ifrán, quien con verborragia arremetió contra el oficialismo y sus aliados.
Sin sutilezas Ifrán repartió críticas hasta en forma desmedida, en una actitud rayana con el descontrol, y en reiteradas ocasiones generó el rechazo de sus pares, aunque nadie se animó a contradecirlo, no se supo si para evitar un desborde latente o por falta de argumentos.
Fueron los medios los que se encargaron de denostar al histórico dirigente acusándolo, con un remanido mote, de pertenecer a la “vieja política”, como si existiera una autoridad capaz de determinar qué es lo nuevo y qué, lo viejo, en este espectro siempre cambiante.
Lo dicho en el recinto puede ser criticado, rechazado, respondido o refutado, como acertadamente y con altura lo hicieron unos pocos diputados y lo reiteraron fuera de ese espacio, tal vez imbuidos en aquello de que no estoy de acuerdo con lo que dices, pero daría la vida para que puedas decirlo.
No fueron las intervenciones frenéticas de Ifrán lo único que dejó la sesión especial de la Legislatura. También mostró a un arco opositor más unido por el espanto que por el amor, con peronistas, radicales, socialistas y del PRO en un mismo barco a la hora de elegir autoridades.
Ese alineamiento rápidamente trajo a la memoria el engendro mayoritario que encabezó en el mismo ámbito el actual senador nacional, Luís Viana, de 2003 a 2005, que aprobó por entonces una inversión de 2,5 millones de pesos para renovar el equipamiento informático de la Legislatura. El desembolso se hizo, pero los equipos no se cambiaron.
Hoy, sin peso para el quórum parlamentario, todo indica que las aspiraciones de esa minoría estarán centradas en socavar la gestión del oficialismo, tal vez con la mira puesta en especulaciones para alcanzar los dos tercios, necesarios para la aprobación de determinadas cuestiones.
Por ahora, la única herramienta de los menos es el discurso, pero queda el interrogante: ¿Es suficiente para modificar un cuadro electoral que les resulta esquivo desde hace unos siete años? Evidentemente, no.
Concejo en llamas
El repentino viraje de la concejala renovadora Felisa Perla Gottschalk, despertó airadas reacciones no sólo en las filas del partido en el gobierno municipal de Posadas, sino también el Departamento Ejecutivo que encabeza el intendente Orlando Franco.
Es que sin haber descollado por su labor legislativa, Gottschalk logró canalizar sus ambiciones personales mediante sospechosas alianzas y contubernios que la llevaron a la presidencia del cuerpo, cuando la mayoría surgida de las urnas se preparaba para ungir en ese cargo a Carlos Báez.
Se dice que la operación “Perla a la presidencia” se terminó de fraguar en la casa de Villa Urquiza del también electo concejal por el PRO, José Almirón, una noche antes, cuando la edil del voto en disputa dejó de atender los llamados a su teléfono celular.
A pesar de esa actitud, reprochable por cierto, los concejales oficialistas bajaron al recinto con la convicción de que impondrían su voluntad, hasta que el peronista Ricardo Skanata reveló que la propuesta de llevar a Gottschalk a la presidencia contaba con el aval de ocho concejales.
Ahí recién se desnudó la intención, pero ya era tarde para los renovadores que vieron, con sólo contar los votos, cómo se les escurría de las manos el manejo del parlamento posadeño con el cambio de bando de uno de sus integrantes.
Después, la concejala en cuestión salió a decir que seguía integrando las huestes del oficialismo, pero nadie le creyó. Es más, desde el intendente Franco hacia abajo, todos levantaron la guardia para empezar a contrarrestar desde las raíces un clásico de los últimos tiempos en la administración municipal: la amenaza de destitución del alcalde de turno.
Alianza de lirios
Con frecuencia, la gente entrada en años suele decir “duró lo que un lirio”, para referirse a la corta existencia de determinadas acciones. Bien cabe esta sabia observación para graficar el desenlace de las conversaciones que mantuvieron los principales referentes del Partido Justicialista de Misiones, hace poco más de un mes.
Desde este espacio, cuando se realizó el primer encuentro en la localidad de Guaraní, se advirtió acerca de la inviabilidad de un proyecto de unidad, no porque éste careciera de fundamentos, sino por la calidad y las apetencias de los protagonistas.
Se dijo que los diputados nacionales Ramón Puerta y Juan Manuel Irrazabal, el senador Luis Viana, los diputados provinciales Adolfo Velázquez y Pablo Tschirsch, además de intendentes y otros dirigentes, mal podrían alentar coincidencias ahora cuando, en realidad, nunca las tuvieron.
Es que mientras unos se presentaban como opositores acá, eran oficialistas en la Nación, y viceversa. A este cuadro, sumados los que pendulan entre los referentes del momento, nada podía ser factible de construcción. Y así fue.
El primer portazo, aunque suene cacofónico, ridículo y hasta redundante, lo dio Puerta, pero con la previsión de los rapaces, Viana, como titular del PJ-Misiones, convocó al congreso partidario y avanzó en la diagramación de un esquema recalcitrante: en los cuerpos legislativos, provincial o municipales, se vota a un peronista; quien cambie de partido será ajusticiado por el tribunal de disciplina.
Todo indica que la dispersión en la oposición justicialista sigue acentuándose, mientras desde otros sectores se desató una verdadera cacería para sumar a estos descontentos, valiosos por su trayectoria y capacidad, sin contención en un partido que tiende a ser superado por los rigores de este tiempo.



