MERIDIANO
Y así como desde el Gobierno Nacional, en su momento, se festejaron las dos iniciativas que partieron de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, el freno inicial a las mismas fue recibido con algarabía por la oposición.
A partir de ahí se sucedieron las declaraciones altisonantes de uno y otro bando, hasta que finalmente los primeros, el Gobierno, accedieron a canalizar sus pretensiones a través del Congreso Nacional como prescribe la Constitución. La oposición, en cambio, recurrió a la Justicia en busca de una decisión que consolidara sus argumentos contra la disposición de unos 6.500 millones de dólares de la reserva del BCRA, como pretendía la Presidenta, para garantizar los vencimientos de la deuda externa y en procura de encarrilar la crisis desatada por la expulsión de Martín Redrado de esta entidad.
En medio de la polémica, el díscolo vicepresidente de la Nación, Julio Cobos, volvió a involucrarse como uno de los más férreos opositores a los Kirchner, no sólo de Cristina sino también de su esposo y titular del justicialismo, Néstor, quien lo tiene en la mira como uno de sus principales enemigos. Parecía entonces, por el tono de las frases que sonaron entremedio, que la guerra había sido declarada entre los bandos. Por un lado, el oficialismo dispuesto a llevar hasta las últimas consecuencias sus intenciones respecto al Fondo y a la partida de Redrado. Por el otro, los opositores en masa que estaban decididos a impedírselo. Mientras todo eso sucedía, un juez de Nueva York congeló las cuentas del BCRA en Estados Unidos, en línea con reclamos de los denominados “fondos buitre” que veían peligrar la posibilidad de garantizarse el cobro de al menos una parte de la deuda pendiente desde que Argentina se declaró en default, allá por 2001. El primer llamado a la cordura fue el fallo de la jueza María José Sarmiento, quien ordenó una especie de “no innovar” al ratificar la continuidad en el cargo del titular de la entidad bancaria y la imposibilidad de disponer los dineros para el Fondo del Bicentenario. Era lógico que el Gobierno apelara tales decisiones, que fueron sostenidas como un triunfo por la oposición, casi comparable con el freno a la resolución 125 de aumento de las retenciones a las exportaciones del campo, y la causa pasó a una instancia superior, aunque no cesaron los duros intercambios en el terreno de la política partidaria.
Ahora, la Justicia decidió que las reservas del Banco Central no pueden ser afectadas al Fondo del Bicentenario porque el decreto de necesidad y urgencia dictado para ese fin, no pasó por el Congreso de la Nación, tal como lo señala la Constitución Nacional. No solo eso, ya que en cuanto a la remoción de Redrado sostuvo que debían resolver el Poder Ejecutivo y el Congreso, considerando el nuevo escenario que se había desplegado a partir del traslado de la situación al órgano legislativo, como prevé la Carta Magna, impulsado por el Gobierno.
Las camaristas Clara María Do Pico y Marta Herrera, dejaron asentada su decisión advirtiendo que “deben resguardarse las alternativas propias del juego de los poderes legislativo y ejecutivo que determinarán en definitiva la permanencia o el desplazamiento del presidente del Banco Central sin óbice jurídico”.
Las dos resoluciones judiciales llegaron en momentos en que el Congreso ya había comenzado a caminar, en línea con las disposiciones constitucionales, para encauzar las situaciones que las habían generado, aunque por ahora lo único seguro es que Redrado no seguirá en el cargo y la disposición de las reservas del banco tienen un final abierto.
Tragedia y culpas
Fue tal la conmoción causada por la tragedia de los nadadores y remeros del sábado 16, que resulta sumamente difícil para los analistas locales hacer abstracción de las consecuencias de este desgraciado suceso, más allá del dolor y las esperanzas intactas por la suerte de dos desaparecidos. Por los relatos de los sobrevivientes, se sabe qué pasó, pero como en todos los casos que comprometen vidas humanas, resulta imprescindible una investigación y una respuesta oficial a tamaña pérdida. Con seguridad, el decurso los días y la participación activa de las autoridades irán echando luz sobre la desdicha que envuelve a todos los misioneros, pero la prioridad hoy es saber el destino de Mauro Bacigalupi y de Manuel Leiva.
Mientras tanto, es aconsejable que la ciudadanía deje actuar a quienes tienen en sus manos el esclarecimiento del suceso, sin intentar torcer las averiguaciones y menos aún buscar responsabilidades donde todavía no se sabe si las hay, dada la multiplicidad de factores que habrían convergido en el caso.
Eugenio León Seró, Fernando Sole Mases, Luis Saide, Víctor Sessa, Sebastián Ruzecki y Nicolás Leveki, fueron las víctimas del trágico cruce del río Paraná que, además de tradicional, desde hace muchos años constituía el principal desafío para los amantes de los deportes náuticos de la región.
En tanto, todavía se mantienen las esperanzas de hallar a Mauro Bacigalupi y a Manuel Leiva, mientras que los nadadores Nicolás Coll y Alberto Vera siguen luchando en el Hospital de Posadas para superar las secuelas del momento desgraciado. El primero, desde la gravedad de su estado.
“El río Paraná ya no es el mismo de antes”, se limitaron a advertir los antiguos retadores del más caudaloso curso de agua del continente, ante cada consulta acerca de las causas probables del lamentable hecho que hoy castiga a los misioneros. Sin alardes, pero como una forma de ratificar sus dichos, los mismos interlocutores no ahorraron anécdotas al comparar que antes de la construcción de la represa Yacyretá, a unos 50 kilómetros aguas abajo, frente a Posadas el Paraná medía 3.000 metros y hoy tiene el doble de ancho de orilla a orilla con Paraguay. Por aquel entonces no había otro premio que el de derrotar al río, casi como una diversión que servía para ratificar las cualidades de cada uno de los que se le animaran, aunque en la mayoría de las ediciones los triunfadores resultaban casi siempre los que habían crecido muy cerca de sus riberas.
Para esas personas, la preparación consistía simplemente en extender un poco más su capacidad de braceo y conocimiento de una que otra estrategia para lograr el objetivo. Pero claro, el río cambió y al parecer muy pocos tuvieron en cuenta esta situación el fatídico 16 de enero.
Un organismo necesario
La creación de una Secretaría Provincial de Energía, como se llame en un futuro no muy lejano, es una de las premisas que impone esta hora a Misiones, a fin de planificar y orientar las acciones, no sólo para garantizar el fluido a la población, sino también para mejorar el aprovechamiento de los recursos en esta parte de la Argentina.
Los desafíos por venir, no sólo en el país, sino en el continente y en el mundo a propósito del agotamiento de las fuentes productoras de combustibles fósiles, dicen los especialistas que deberían ser un alerta para todos, pero en el plano local las voces que se conocen apuntan a un trabajo concreto para este tiempo en ciernes. Por su ubicación en el corazón de la Cuenca del Plata, la provincia de Misiones es hoy propietaria de una riqueza sin igual, junto a los restantes estados del Nordeste Argentino, con una capacidad de producción de hidroenergía sin paragones en el resto de Argentina, consideran los estudiosos de este tema.
Es más, quienes pregonan la necesidad de una política energética apoyada en fundamentos técnicos, no dudan en advertir con respecto a las potencialidades, pero también acerca de la necesidad de orientar los conocimientos en este sentido, como un medio de esclarecimiento a la población frente a los embates de sectores contrarios a estos emprendimientos. Un primer paso sería, sin duda, la conformación de un organismo específico para tal fin, no solo para la atención de la producción de hidroenergía, sino también en lo que respecto a los combustibles y al gas, cuyos manejos hoy por hoy aparecen huérfanos de una mano conductora del Estado provincial.
MERIDIANO
El encuentro de la presidenta Cristina Fernández con un grupo de gobernadores que se realizará mañana, se proyecta como otro capítulo de la puja que, desde el fondo de la historia federal de la Argentina , mantienen el poder central y las provincias por el reparto de los fondos.



